con las alas de tu corazón,
sobre un cielo de nubes blancas.
Otras veces, sin embargo, voy a ras de suelo,
de piedras sin algodón,
donde me hace falta tu alma.
Hay veces que siento que te quiero
y que mi alma no tiene caparazón
y su piel está cubierta de escarcha.
Muy pocas veces siento
que no puedo curar mi dolor,
si tu cabeza no está en mi almohada.

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